A veces me da por inspirarme, hacía mucho que no lo hacía y
hoy me ha tocado recordarte. El soul está ahí, y su voz desgarradora parece
entremezclarse con mis pensamientos, arañarme por dentro para dibujarte.
No sé cómo te trata la vida, no sé si el tiempo ha hecho
mella en ti. No sé qué historia irás contando, ni tampoco si me echarás de
menos. Ni siquiera sé que es lo que siento pero el caso es que me emociono y
supongo que eso de por sí significa algo.
Te perdí y me duele pensarlo pero así las cosas están
muchísimo mejor, más que mejor, hay paz. Algo que hace años no pasaba. Pero
también hay una carga, un miedo y una huida.
Actué como sujeto voyeur y te vi a lo lejos, pagando tus
deudas, buscando cobijo. Y me planteo qué tal hubiera seguido viviendo en la
ignorancia o en la inocencia de creer en ti, cómo hubiera recordado esas
historias de familias grandes en hogares humildes, esas aventuras o esos platos
combinados y las partidas de tute.
No lo sé, solo sé que las cosas tenían que ser así. Que mi
rostro sigue inexpresivo y que cada vez que pronuncien tu nombre tenderé a
mostrar un gesto de pasotismo y las palabras de resentimiento saldrán
inevitablemente pero es lo que toca.
Hoy te recuerdo en aquellos días y prefiero quedarme con eso,
con esa niña que no sabía nada, con esos años que parecían distintos, con una realidad
translúcida pero al fin y al cabo mi realidad infantil. No es que haya habido un punto final de esto,
simplemente es así, nadie ganó la partida. Es solo que aquí cada uno da de lo que recibe y hay veces que para que
se den algunas oportunidades, para disfrutar, hay que desprenderse de ciertas
cosas en el camino.