27 de noviembre de 2014

Fiera

"Cierra bien la puerta y ábreme las piernas.
Sácame la lengua arrástrala por mí.
Fieras hambrientas que merodean sueltas, 
¿qué hace esta gente aquí?" 

Asalto a mano amada. Sin reglas, la cama es el mejor ring.
Acecha salvaje y sus intenciones disparan mis instintos. Mira felino dispuesto a atacar y, sin más, me dejo morder. Marca, fiera, que yo te araño cada ápice de duda en este éxtasis. ¿De dónde vino tanto miedo y por qué ahora nos sentimos tan invencibles?

Abro la puerta con la mejor piel de todas y cruza la línea.
No hay vuelta atrás.

Enrédate en mi pelo, vacíame los peros, hazme ser. Asalto a mano amada, querido. Tus dedos se engarzan en una lucha vital con los míos, entrelázate, el nudo es fuerte, deja que las caderas sean ritmo.

Calor.

Resbala, resbala por cada montaña de piel, las lenguas como capitanes, la boca timonel. Surca océanos en estas sábanas.
Sshh, no digas nada. Recuerda: asalto a mano amada.

Y no dejes de ser fiera.

"Guárdame el secreto con la boca abierta.
Me olvidaré de ti antes de irme de aquí."

17 de noviembre de 2014

Cuarto movimiento: la realidad.

"Sin ser, 
me vuelvo duro como una roca, 
si no puedo acercarme ni oír, 
los versos que me dicta esa boca."

Si vuelas mi vida se escapa y mis vértices se atan al vacío más intenso, el agujero negro vuelve y meterse es entrar en un bucle de disparidades.Y no hay palabras suficientes, no hay palabras para ti, aunque lo intente.Tu eres más que suficiente, más que cualquier concreción en búsqueda de belleza abstracta.
Y yo... 
    yo ahora soy, sin ser.
Vuelvo a ti, porque me gusta, porque lo necesito, y no me arrepentiré nunca de ello, lo sabes, pero siempre hay peros. Tranquilo amor, soy yo, créeme que tú no tienes la culpa.
Soy yo, que siempre me costó acostumbrarme a los cambios, que lo del retorno a mi centro se me hace pesado y que sigo anclada en un vuelo que ya tuvo su aterrizaje (pero es que estas alas se construyeron tan bien mi vida... )
No sé, el caso es que hoy de nuevo es domingo, de esos de resaca emocional ya sabes, de esos en los que el cielo está gris, me tengo que sumir entre ideas eruditas y solo puedo pensar en bailarte.
Has "vuelto y me has revuelto", sin duda. Deliré. Te vi recostado, te vi iluminado por una cálida luz de amanecer a las 12 de la mañana. Ha sido una putada no poder tocarte pero te he sentido, no preguntes por qué. Por un momento he sentido que tú, millones de pasos alejado, habías cerrado los ojos y habías pensado en algo parecido. Otra vez, deliré. Volé a un primer beso nervioso, volé a una despedida seca en búsqueda de un reencuentro que aún no ha llegado. Sentí que tu también lo hacías. Joder, quema. Volé a los 30 y pico grados y a la noche más bonita que tuvo Madrid cuando nuestros pasos pisaban al mismo compás. Cuando no era contratiempo. Deliré de nuevo amor. Pero es otoño, hace frío y ayer de regreso a casa doblé la misma esquina de esta ciudad, llegué a la plaza donde estuvimos cenando esa noche. Y no estás. No eres abrigo, no eres palabras dulces, no eres buenas noches, ni días, ni tardes. No eres lo que podrías ser.
Y yo también... 
sigo aquí, sin ser lo que podría  
Sin versos que conecten con los tuyos. A la espera de topar con alguna canción de cantautor de esos que nos gusta escuchar cuando nos deprimimos. Una canción que describa esta historia que no es historia. Que nos describa. Sin darme cuenta que, sin quererlo, nos seguimos describiendo aún en noviembre.
Te echo de menos, en todos los sentidos y, esa, es la verdadera realidad. 

3 de noviembre de 2014

La excepción que confirma la regla.

Las rupturas siempre fueron jodidas, y decírmelo a mí que llevo ya varias a mis espaldas. El caso, y esto es una verdad como un templo, es que por mucho que nos duela, queridos míos, todo es cuestión de tiempo. Tenéis que tener claro que el recuerdo de esa persona que considerabais especial no tenderá hacia el olvido sino que, en cierto modo, siempre estará ahí porque fue otra experiencia más de  vuestra vida, un “ente con el que tenías algo que aprender” digamos. La cuestión es que él, precisamente, no era cualquiera. Desde que le conocí inconscientemente lo supe, tenía algo en la mirada, algo que te llevaba a confiar plenamente, algo que te atrapaba aún sin saberlo. Él era vida en sí mismo, puro alma; diversion, inteligencia y emoción; era sensibilidad y cordura; era sensato y fiel a sus valores, unos valores tan asentados que paradójicamente admiraba . Jamás, y de esto estoy bien segura, he confiado en alguien como lo hice en él. Tenía la necesidad de darle todo lo que estuviese en mi mano que se me olvidó por completo su necesidad de mi tangibilidad y mi miedo a la dependencia. Lo único que me importaba era hacerle feliz, saber que al final del día tendría sus buenas noches, que cuando me despertase me daría los buenos días, que seguiría siendo mi apoyo incondicional aún estando lejos y con eso, os juro, que sobraba y bastaba. Él me dio alas para ser libre sin saber que mi libertad estaba consigo; y, aún así, dice que merezco “algo más”, sin saber que lo mejor que podía haber encontrado era a él mismo. No por un sentimiento abstracto sino porque él era concreto, real.
La pena de todo esto fue precisamente eso de lo que os he hablado al principio, el tiempo. Una conversación supeditada a una espera que, para cuando llegó, cualquier ápice de rendición ya estaba fuera de lugar. Lo triste fue verle, dar un paseo por todas las zonas que habíamos pisado y saber que nuestras sombras ya no irían al unísono. Mirarle de nuevo y darme cuenta de que no volvería a ser suya como desde ese instante quise, como aún con el tiempo sigo queriendo. Asumir un sino que se resume en tenerle cerca y controlar las distancias, esas que nos habían matado, esas a las que ahora estamos tan supeditados. Y es que, queramos o no, la vida a veces es injusta y no queda otra que aprender a convivir con desenlaces fracasos.
Hoy le veo triunfador. Se encontró a sí mismo y solo pido que en cada momento me siga teniendo presente, que se acuerde de un siempre que fue sincero y de que le sigo echando de menos, sin echarle, aunque a veces parezca lo contrario. Que algo tan fuerte como nuestro nosotros jamás quedará solo en eso: aprendizaje. 

2 de noviembre de 2014

"A veces haces algo y estás jodido, otras estás jodido por lo que no haces (...)"

Y luego está lo de echarte de menos, que es una tremenda putada.