Últimamente me inspiro contigo, con tu voz, con tu boca, tu
sonrisa y tus ganas de todo. Últimamente tengo también miedo, miedo de
inspirarme demasiado y que se traduzca en dependencia; miedo al miedo de
querernos y al de obsesionarme compulsivamente con tu persona; miedo a perder
tus silencios, tus consejos y tu forma de hacerme reír.
Sin embargo, la noche llega y estás cerca, te siento tan
cerca… y me abrazas por la espalda y me consuelas con tu aliento en mi nuca,
con tu mano rozándome sin prisa y sin pausa, simplemente entendiendo el
lenguaje de la piel. Y yo me erizo imaginándote, me inspiro nuevamente y, por
un momento, el miedo desaparece porque estás aquí al lado cerrando cualquier puerta
a los fantasmas del pasado, alejándolos con tu delicadeza y tu forma de
protegerme, trayéndome paz.
Abro los ojos, y al despertar me doy cuenta de que tu cuerpo
se ha ido pero sigues aquí acariciando cada situación, con tu presencia tan
cerca que me atrapa y te hago este texto donde me sobran las palabras y me
faltas tú y tiemblo… porque ya es demasiado tarde, porque ya me has enganchado.