Esa manía de atarnos, de querer forjar algo que aún no está
escrito. Ese afán de necesidad, fruto de sentimientos nuevos a los que nos
aferramos como si del fin del mundo se tratase. A veces, la distancia es la
solución, otras la problemática, y nunca sabes si estarás haciendo las cosas
bien. Guiarse por impulsos, en ocasiones, puede ser el desencadenante de algo
equívoco e imprevisto, y esperar, a veces, enfría las cenizas de aquella llama
que está empezando a arder de nuevo.
Nunca sabrás la solución, y hagas lo que
hagas, algo estará mal, pero bueno, siempre está mejor arrepentirse de lo que
has hecho que no de lo que deberías haber hecho pero no hiciste por miedo. Sí, el
miedo, ese sentimiento que siempre se apodera de nosotros, que nos muestra a
los fantasmas del pasado y nos recuerda lo negativo que pasó con anterioridad,
que nos priva del hecho de dejarnos llevar, que nos hace frenar en seco cuando
no sabemos si lo que se esconde al final del camino es una cascada o simplemente un pequeño salto
de agua. Esa bruja de los cuentos, esa pesadilla de la realidad, ese ser
abstracto que se presenta en cada decisión de nuestra vida y se cree el
poseedor del imperio de la autoridad...
¿Sabes lo que le digo yo al miedo? ¡Qué te jodan! Si las cosas tienen que salir
mal, saldrán mal, si tienen que salir bien, saldrán bien, pero son capítulos más
en este libro de la vida, y lo siento, pero no quiero que te conviertas en el protagonista ;)