25 de abril de 2016

O.V.S.

La vida a veces puede ser muy injusta, y ante determinadas situaciones sólo puedes plantearte lo insignificantes que somos respecto a esa fuerza mayor y lo que nos atormentan muchas cosas de nuestro día a día que frente a estas situaciones son algo banal, completamente.
Sé que no me conocías, o al menos sólo de vista, pero hay algo que me nace decir(te). Para mi siempre será admirable tu manera de ver lo positivo, de valorar las amistades y a los tuyos, la capacidad de lucha y entrega que pocas personas a una edad tan joven y después de que les diagnostiquen una enfermedad tienen con tanta perseverancia. Te has ido y sé que dejas muchas lágrimas por tu pérdida, dejaste huella, sin duda. Pero de algo estoy segura y es que en todas ellas va a seguir tu luz presente. Se van artistas, se van seres reconocidos, pero la magia puede estar también en pequeños héroes o heroínas cotidianos, en sonrisas que son torrente de energía.
Este es sólo un pequeño homenaje de alguien que supo algo más de ti al leerte. Si con eso sólo me calaste... imagina a los tuyos.
Gracias por recordar de una manera intermitente que la vida es cuestión de perspectiva, que si sonríes todo puede ser mejor, a pesar de la tormenta.
Vayas donde vayas, sigue bailando, sigue brillando.

12 de abril de 2016

“En mis brazos llegó a temblar como la duda de una vela.”

Y no supe no abrazarme a ese momento, ni no absorber cada ápice del alma que tenía por brindarme. Y, creyéndome fuerte, me dejé llevar en cada respiración entrecortada que se producía en la habitación, en cada mirada llena de miedo, de deseo, de esperanza. Y no supe no sentirle cerca, no besarle las razones de seguir latiendo, ni no rendirme a un corazón nervioso pero firme. No supe no sincerar todas mis vivencias, ni ser payasa en cuerpo maduro. Acaricié su espalda y descubrí que la suavidad no tiene por qué estar focalizada en las manos, que el cariño puede exprimirse en dosis concentradas de ternura.
Tembló, de nuevo, y me miraba lleno de todo, con la inocencia que creía perdida; como un niño grande, ilusionado e inconsciente por descubrir un mundo nuevo.

Y así, no tuve más remedio que rendirme a su inercia. 


Aumentamos velocidad,
frenamos el miedo.
  Soplamos la llama
                 y el humo hizo el resto.