Revolotean los sentidos para hacerse notar.
El tacto de las alas de mariposa, el gusto del beso recién exprimido, el verte entre legañas y olerte bajo las sábanas. Comerte a besos y a versos como suena aquella estrofa. Gustarse, en todos los aspectos, hasta los que amargan. Oírte respirar, pero sobre todo latir. Y escucharte, en fondo y alma, todo esto sin tener que mediar palabra.
Entre oscuridad, luz,
entreverse con sólo mirar.