"Volviendo a juntar África y América, que suene la voz del esclavo.
Preferimos nadar en la hoguera de los continentes,
gritando también tenemos corazón los desafinados."
Alzamos la voz y nos fundimos como uno. Levantamos las manos y
miles de luces de esperanza iluminan un suelo al son de una música, de un mismo ritmo. En este mismo instante parece que la sociedad puede mantener la esperanza, parece firme la humanidad y sensibilidad de las gentes. Con un abrazo inmenso al corazón y una ola de ilusión que aflora, cierro los ojos y me dejo llevar por toda esta belleza, por toda esta emoción. Y al abrirlos en esta noche siento un despertar, un despertar de quien cree en la bondad y la paz, de quien al cerrar sus ojos olvida la codicia, el terror y la desidia, de quien al abrirlos vuelve a creer en el "ser" pero, sobre todo, en el "humano".