La
vida va pasando y hay momentos en los que te das cuenta de que hay cosas que
por mucho que quieras no volverán al mismo punto que hubieses querido, bien por
avance o por madurez o, en cierta manera, por ambas cosas. Es lo que tiene el
paso del tiempo, cada año: nuevos cambios, nuevas vivencias. Asumir lo que
suponen esos cambios es un papel complicado pero a la vez maduro y de persona
fuerte, de persona que los acepta y se adapta a ellos, que no se para. Supongo
que es una de las cosas de las que he aprendido en este 2015 (si es que tengo
que hacer un balance). En cierto modo, yo soy así, no sé estarme quieta, no sé
no ser energía ni no tirar hacia delante. Lo primero porque creo que siempre se
puede sacar algo positivo de todo y más aún de los momentos que nos parecen más
complicados y/o en los que nos sentimos más perdidos. Lo segundo porque pararme
significa no avanzar y este tren solo pasa una vez como para permitirme el “lujo”
de estancarme y no progresar.
Este
año he reído, he llorado de felicidad y también de tristeza, emocionado con la
música pero sobre todo bailándola. He echado de menos, disfrutado muchísimo de
los detalles, las personas y los lugares. He dudado, me he confundido, he
pedido perdón y he perdonado. He dado más de mi de lo que pensaba, no me he
reconocido y me he sentido perdida. Me he reído a carcajada limpia hasta
explotar con una risa de cerdo, me he "puesto piripi", bañado desnuda en la playa y
disfrutado de y con mi familia y amigos (sobre todo esto último). He viajado,
visto y conocido gente nueva, des y re-motivado artística y profesionalmente y desarrollado un
poquito más mi creatividad. He compartido conversaciones, abrazos y momentos
con personas que merecen la pena, que se han abierto a mi y me han dado amor,
que me han hecho aprender de su sabiduría y de sí mismos aún siendo gente que
les queda mucha vida por delante. Como diría mi madre “pequeños maestros”. También
me he tropezado, como todos, pero he mirado hacia dentro, hecho autocrítica y
sacado conclusiones. Queriéndome, valorando lo que tengo, siendo consciente de
lo que tenía que aprender.
Ahora,
empieza un año nuevo y lo empiezo con el mismo propósito de todos los años: ser
feliz y sentirme viva. Quien me acompañe, eso es otra historia que me pertenece
a medias. Lo que sí me pertenece en su totalidad soy yo misma así que por mi
parte prometo seguir como hasta ahora: construyéndome y conociéndome, siendo
fiel a lo que tengo dentro, a lo que me sale del alma, sincera conmigo sobretodo
y con los míos más aún, queriendo de dentro hacia fuera y ofreciendo mi brazo,
felicidad, apoyo y todo lo que pueda y quiera de mi a quien demuestra que el
cariño y la confianza no son cosa de intereses si no de (co)razones, a esos
pequeños héroes que siguen de un modo u otro haciéndome aprender de y con ellos.
¿Mi premisa? Esta vez se la dejo a Frida Kahlo: “I am my own muse. I am the subject
I know best. The subject I want to know better.”
Gracias,
a todas las experiencias, a todos vosotros. Gracias a cada punto, final o
seguido. Pero sobre todo gracias a ti, vida, por seguir dejándome latir contigo,
por lo que está por venir.
FELIZ 2016.