15 de febrero de 2014

Humo

Vivía del placer, de su habilidad para construir discursos, del don de palabra que le permitía surcar bocas delirantes. Vivía de cuerpos y no de recuerdos, de la volatilidad de los instantes, del éxtasis de la noche.

 Intenso.

A raudales, su lujuria recorría todas las calles de la ciudad y no había mujer que se le resistiese. Inspiraciones repentinas de noches entre sábanas. Historias de alcohol y sudor que recordar al día siguiente entre cervezas. Había surcado miles de cuerpos y ninguno como el suyo, pero era demasiado orgulloso para admitir que esa espalda era distinta, que esa boca sabía diferente, que sus manos eran como cuerdas de guitarra y que los acordes sonaban mejor bajo su vientre. Le había atado una química feroz, voraz pero la huida siempre le generó más éxitos que fracasos, y ya sabéis eso de que hay que guardar las apariencias.

Ante eso, bebió otro trago y escogió una nueva víctima que llevarse a la boca. Otra noche encendiendo el cigarrillo de después, un nuevo cuerpo desnudo a su lado y una calada en la que quemar aquellas últimas palabras que bombeaban en su cabeza:

-                              -   Todavía puedo ser tu musa, si es que aún crees en el arte

14 de febrero de 2014

La venda.



Con mirada fija al frente, sin miedo a un juicio y las cartas sobre la mesa. Tienes escalera directa a mis entrañas y yo ni sé las reglas del juego. Puede que te estés tirando un farol pero como sigas mirándome con esas ganas de comerte el mundo voy a tener que volver a la tierra para que juegues conmigo al gusto, o mejor cojo vuelo directo a ti y nos dejamos llevar entre colchones.

Dios sabe lo que te haría si decidiese apostar y subir 10, pero a esta esquina no llega la lluvia y necesito mi cobijo. Como de costumbre, escondiéndome por miedo al torrente de sensaciones de inseguridad, sabiendo lo predecible, aferrándome a mi intuición. Sin querer dar la vuelta a la vida, ni al futuro y, sin querer, también, haciendo memoria de tus lunares o de mis paseos por tu nuca.  Sin ir más allá en palabras de lo que pueden expresar mis ojos, pasando desapercibida.


Soy el ente observador, la aguja del pajar que nadie encuentra. Sin embargo, te diré un secreto, a veces las mejores oportunidades son las que no se ven a simple vista pero, cuando de verdad miras, te das cuenta de lo ciego que estuviste.