15 de febrero de 2014

Humo

Vivía del placer, de su habilidad para construir discursos, del don de palabra que le permitía surcar bocas delirantes. Vivía de cuerpos y no de recuerdos, de la volatilidad de los instantes, del éxtasis de la noche.

 Intenso.

A raudales, su lujuria recorría todas las calles de la ciudad y no había mujer que se le resistiese. Inspiraciones repentinas de noches entre sábanas. Historias de alcohol y sudor que recordar al día siguiente entre cervezas. Había surcado miles de cuerpos y ninguno como el suyo, pero era demasiado orgulloso para admitir que esa espalda era distinta, que esa boca sabía diferente, que sus manos eran como cuerdas de guitarra y que los acordes sonaban mejor bajo su vientre. Le había atado una química feroz, voraz pero la huida siempre le generó más éxitos que fracasos, y ya sabéis eso de que hay que guardar las apariencias.

Ante eso, bebió otro trago y escogió una nueva víctima que llevarse a la boca. Otra noche encendiendo el cigarrillo de después, un nuevo cuerpo desnudo a su lado y una calada en la que quemar aquellas últimas palabras que bombeaban en su cabeza:

-                              -   Todavía puedo ser tu musa, si es que aún crees en el arte