11 de mayo de 2014

Hipotecaré el azar que me trajo hasta ti.

Te limitaste a ser un pedido más en la cuenta.
Nos autoconvencimos de que este juego no podía ir más allá, que quererse entre recovecos no es lícito para nadie y que tu voz sonaba mejor tras esa pared. Que una gota de agua y otra de aceite nunca llegan a juntarse y que esa regla estaba marcada a fuego en tu ser.
Dejar de lado algo tan fuerte duele, igual que me quema tu sonrisa frente al mundo o tu manera de hacer que todo esté bien, que yo esté bien.

Eres vida y eres suerte, la que tengo de tenerte aunque sea de esta manera, que no la mejor, pero sí suficiente. Soy feliz si tu lo eres, no mereces menos, y no pido más que tenerte aunque sea lejos.