Y yo me pregunto ahora
cómo desaparecerá todo esto; este vacío en el pecho, este nudo en la garganta,
este mar en las pestañas del que tanto hablabas. Cómo le cuento a mi almohada
que mis sueños ya no son reales, que ya no será el doble de nadie a quien
imagino abrazar, si no testigo de un insomnio pasado por agua. Cómo le cuento a
mi despertador que su sonido ahora es una metralleta suicidándome de nuevo a la
realidad, que ya no me verá sonreír porque “un día más es un día menos”.
Y ahora cómo me
reconstruyo yo si el mejor de los arquitectos ha decidido emigrar de sentimientos,
cómo vuelvo a la guerra si en esta batalla he perdido toda razón, cómo vuelvo a creer en
la libertad, si aún siendo libre me siento presa del vacío.
Yo no quería volver a escribir al desamor, estaba muy harta
de los verbos en pasado con aires de nostalgia y desengaño. Quería regalarte una camiseta de tu grupo favorito acompañada de
la Patera que ahora naufraga en un recoveco de tu habitación; quería
acompañarte a un mirador bajo la lluvia y que las luces de la ciudad fueran
testigos de un amor que puede con todo; quería admirar cada conocimiento nuevo que me brindases, cada vídeo absurdo que vieras y aprender de ti; quería conocerte gruñón, vago, pletórico, artista, perdido, feliz; quería superar obstáculos juntos; quería que el invierno me viera “morderme
las ganas” para luego verte y comerte la vida y no “recomponerme sin ti”; quería
apostar y subir 9, que me vieras brillar encima de un escenario y dedicarte
cada paso; escribirte de la forma más sincera como tantas veces has querido que
alguien lo hiciera por ti, pero escribiendo a la felicidad; quería
ponerte, desnudarte y que “lloraras al verme”. Quería todo contigo y nada sin
ti.
“Dejar de lado algo tan fuerte duele”, nunca fui consciente
del valor premonitorio de esas palabras hasta ahora. Y, este... este presente no es que duela, es que
me mata por dentro. Cada beso ya no es “un punto final a la pesambre” porque
ya no te besaré, ya no te contaré los lunares, ya no te cogeré de la mano con
fuerza si tengo miedo, no podrás tocar mis andares ni dar paseos mientras una
orilla borra nuestras huellas, porque el tiempo va a borrarlas aún sin quererlo. Mirar al futuro de esa manera cuando lo único que quiero es cuidarte y comerte la boca es una puta mierda.
Solo te pido una última cosa: cierra los ojos por un momento, déjate de tiempos verbales y mira dentro de ti. ¿Lo sientes? Lo llamamos "silencios compartidos".
Que, yo que sé, hoy mi agenda se ha abierto por el 25 de
diciembre, y hay una idea que no va a salir de mi cabeza: tú, vida, mi vida.
Buenas noches.