25 de octubre de 2014

Locura transitoria.

Hoy no me apetece ser poéticamente correcta, hoy no me da la gana pensar formas bellas. Hoy me da igual el mundo sinceramente; hoy quiero ser egoísta y voy a decir todo lo que me salga del papo; hoy solo quiero ponerme frente a frente con eso que llaman “vida” y decirle que es una puta tramposa. Decirle que es muy fácil regalar sueños e irse a hurtadillas por la puerta de atrás tan pronto como ha aparecido. Hoy me apetece que la jodan, repudiarla y escupirla mil veces. Estoy hasta las narices de lo de que el tiempo todo lo cura y que hay que aprender de cada cosa que pasa. Eso ya lo sé, esos consejos los tengo todos apuntados en la lista de tareas a recordar para empezar el día y lo único que hacen es sacarme de quicio. El caso es que odio ceñirme a una fuerza que no controlo. ¿Por qué tengo que pensar que la cura es el tiempo?, ¿por qué tengo que vivir un presente pendiente de un futuro incierto? Si aquí y ahora solo me apetece pegar una patada al suelo y que todas las cosas retrocedan a un primer encuentro. A aquel momento en el que todo es comienzo, todo son dudas pero hay ganas de saltar. 
       (La verdad que hoy voy a ganar este asalto).
Hoy me apetece decirte a la cara que eres una puta y una cobarde, que siempre me dejas con las ganas, con mal sabor de boca. Hoy me apetece reconocer(me) que no estoy bien pero que puedo, hoy me apetece decir(me) que estoy hasta la polla de ser fuerte pero que voy a seguir siéndolo. Hoy todo son contradicciones y mañana, ¿qué coño? Sudo de mañana. Hoy no quiero estar "sola" pero en realidad es lo que “necesito”. Hoy la mejor compañía es la música y mi cuerpo. Hoy solo quiero que se deje llevar por contratiempos, por golpes de cabeza y contorsionismos toscos, incluso me apetece no ir al compás, ser veloz, tener un orgasmo con eso que llaman ritmo y dejarle a medias.

Hoy vida, hoy te admito que eres una puta sí, pero ¿sabes? Gracias a ti sigo aquí,
         más viva que nunca