Hoy no me apetece ser poéticamente correcta, hoy no me da la
gana pensar formas bellas. Hoy me da igual el mundo sinceramente; hoy quiero
ser egoísta y voy a decir todo lo que me salga del papo; hoy solo quiero
ponerme frente a frente con eso que llaman “vida” y decirle que es una puta
tramposa. Decirle que es muy fácil regalar sueños e irse a hurtadillas por la
puerta de atrás tan pronto como ha aparecido. Hoy me apetece que la jodan,
repudiarla y escupirla mil veces. Estoy hasta las narices de lo de que el
tiempo todo lo cura y que hay que aprender de cada cosa que pasa. Eso ya lo sé, esos
consejos los tengo todos apuntados en la lista de tareas a recordar para
empezar el día y lo único que hacen es sacarme de quicio. El caso es que odio ceñirme a una fuerza que no controlo. ¿Por
qué tengo que pensar que la cura es el tiempo?, ¿por qué tengo que vivir un
presente pendiente de un futuro incierto? Si aquí y ahora solo me apetece pegar una
patada al suelo y que todas las cosas retrocedan a un primer encuentro. A aquel
momento en el que todo es comienzo, todo son dudas pero hay ganas de saltar.
(La
verdad que hoy voy a ganar este asalto).
Hoy me apetece decirte a la cara que eres una puta y una
cobarde, que siempre me dejas con las ganas, con mal sabor de boca. Hoy me
apetece reconocer(me) que no estoy bien pero que puedo, hoy me apetece decir(me)
que estoy hasta la polla de ser fuerte pero que voy a seguir siéndolo. Hoy todo
son contradicciones y mañana, ¿qué coño? Sudo de mañana. Hoy no quiero estar "sola" pero en realidad es lo que “necesito”. Hoy la mejor compañía es la
música y mi cuerpo. Hoy solo quiero que se deje llevar por contratiempos, por
golpes de cabeza y contorsionismos toscos, incluso me apetece no ir al compás,
ser veloz, tener un orgasmo con eso que llaman ritmo y dejarle a medias.
Hoy vida, hoy te admito que eres una puta sí, pero ¿sabes?
Gracias a ti sigo aquí,
más viva que nunca.