Frenos y miedos.
¿Oyes eso? Esa voz de fondo, esa que a veces ni se escucha. Es tu yo queriendo ser. Escucha lo que te quiere decir que aunque sea en forma de susurro está soltando verdades como puños y tiene más razón de la que tú crees. Mira eso, pero mira, no veas. Se llama vida y eso que hay entre medias en tu camino es un precipicio, un precipicio llamado libertad. Tu capacidad de saltar al vacío o no es lo que los mortales llaman valentía. Son las ganas, el no saber a qué te enfrentas pero el creer tanto en ti que te de igual, que te de tan igual que arriesgues sabiendo que puedes sufrir, incluso que puedes perder, cogiendo el toro por los cuernos y siendo consciente de las consecuencias, pero sintiéndote jodidamente vivo. Solo los valientes que saltan se llegan a sentir libres. Las alas les nacen solas, les nacen de la capacidad de dejar sus miedos atrás, de ser honestos consigo mismos asumiendo posibles victorias y derrotas y de que, en su balanza, pueda más el peso de la fuerza que el del fracaso. Porque "fracasar" fracasamos todos en diferentes puntos de nuestra vida. De hecho, en ese vuelo y desde esa perspectiva, habrá veces que iniciemos la caída libre y nos imaginemos estrellándonos contra el suelo. Pero ... ¡ey! Hasta que tus sueños sean más grandes que tus miedos, hasta que tu madurez te permita aprender de los "errores", hasta que te des cuenta de que realmente no eran errores sino aprendizajes y tires hacia delante y seas ave fénix, invencible.